lunes, 4 de junio de 2012

Ejercitando la fe y la esperanza


Estoy predicando los Ejercicios espirituales a las Monjas carmelitas descalzas de Mendoza. Empecé el pasado sábado 2 de junio y terminaré el sábado 9, a la vigilia del Corpus Christi.

Como los Ejercicios iniciaban con la Solemnidad de la Trinidad elegí como propuesta de oración repasar la revelación y experiencia de Dios en algunas páginas centrales de la Escritura: Abrahám, Moisés, Elías, Isaías, Job. Voy a terminar con el Misterio Pascual, pues allì acontece la revelación escatológica del rostro trinitario de Dios al mundo.

En el horizonte: el Año de la fe que se iniciará, Dios mediante, el próximo 11 de octubre. La fe es la respuesta del hombre a Dios que se revela.

He aprovechado también para leer un librito que reúne cinco radioconferencias de Ratzinger sobre la fe, pronunciadas entre los años 1969 y 1970. Se titula: “Fe y futuro”. Me lo obsequió una querida amiga, con quien compartimos también inquietudes teológicas y espirituales.

De la última conferencia, extraigo el también último párrafo . La conferencia lleva como título una pregunta: "¿Bajo que aspecto se presentará la Iglesia en el año 2000?".

Compartí este párrafo con los obispos en nuestra reciente Asamblea plenaria de Abril pasado. Escribía Ratzinger en el lejano 1969

A mí me parece seguro que a la Iglesia le aguardan tiempos muy difíciles. Su verdadera crisis apenas ha comenzado todavía. Hay que contar con fuertes sacudidas. Pero también estoy totalmente seguro de lo que permanecerá al final: no la Iglesia del culto político, que fracasó ya en Gobel, sino la Iglesia de la fe. Ciertamente ya no será nunca más la fuerza dominante en la sociedad en la medida en que lo era hace poco tiempo. Pero florecerá de nuevo y se hará visible a los seres humanos como la patria que les da vida y esperanza más allá de la muerte.  

domingo, 3 de junio de 2012

En la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo


“Bendita sea la Santísima Trinidad: Dios Padre, el Hijo unigénito de Dios y el Espíritu Santo, porque ha tenido misericordia con nosotros” (Antífona de entrada de la Solemnidad de la Santísima Trinidad).

Como todos los años, después de haber visto desplegarse ante nuestros ojos el misterio de nuestra salvación, cuya culminación es la Pascua de Jesucristo, la Iglesia nos invita a confesar nuestra fe en el Dios uno y trino.

Confesar gozosamente la fe en el Dios amor, alabando y celebrando su santo Nombre. Es la alabanza y adoración que brotan del corazón que comprende, no una sublime especulación doctrinal, sino lo que Dios ha hecho por nosotros: ha tenido misericordia de su pueblo.

La invitación de la Iglesia es alabadar, adorar y dar gracias. Pero no se detiene ahí: en realidad somos invitados a vivir en la Trinidad. A entrar en ella, nosotros que hemos sido sumergidos en su misterio de amor.

Vivimos en la cultura de la disociación y de la desvinculación. La ruptura parece ser la ley suprema del presente: ruptura entre el cuerpo y el alma; ruptura entre el varón y la mujer; ruptura entre padres e hijos; ruptura en el seno de la sociedad; ruptura entre naciones.

La Trinidad ha sembrado la semilla de la unidad en la diversidad. Le ha devuelto la esperanza al mundo. 

viernes, 1 de junio de 2012

Transfusión de sangre, fe y conciencia

El caso de un joven en delicado estado de salud que ha rechazado la transfusión de sangre apelando a su fe como Testigo de Jehová ha despertado comprensibles discusiones.


¿Qué se puede decir desde un punto de vista católico?

Sustancialmente dos cosas. La primera, acerca de la interpretación de los textos bíblicos. La segunda, sobre la dimensión ética de la situación.

1. Desde un punto de vista católico, la lectura e interpretación que los Testigos de Jehová hacen de los textos bíblicos invocados para rechazar la transfusión de sangre es errónea.

Obviamente esto no es un juicio sobre la sinceridad de las personas que profesan esa fe, solo un juicio sobre una de sus afirmaciones que, según nuestro criterio, no es concorde con la enseñanza bíblica.

Los textos de la Sagrada Escritura deben ser leídos e interpretados correctamente. De lo contrario se pueden arribar a conclusiones irracionales y contrarias a la fe. “Un texto fuera de contexto es un pretexto”, solemos decir.

Los textos citados suelen ser:

Génesis 9:3-4: “Todo lo que se mueve y tiene vida les servirá de alimento; yo les doy todo eso como antes les di los vegetales. Sólo se abstendrán de comer la carne con su vida, es decir, con su sangre.”

Levítico 17:13-14: “Y cualquier israelita o cualquiera de los extranjeros que residen en medio de ustedes, caza un animal o un pájaro de esos que está permitido comer, derramará su sangre y la cubrirá con tierra. Porque la vida de toda carne es su sangre. Por eso dije a los israelitas: «No coman la sangre de ninguna carne, porque la vida de toda carne es su sangre. El que la coma, será extirpado»”

Hechos 15:28-29: “El Espíritu Santo, y nosotros mismos, hemos decidido no imponerles ninguna carga más que las indispensables, a saber: que se abstengan de la carne inmolada a los ídolos, de la sangre, de la carne de animales muertos sin desangrar y de las uniones ilegales. Harán bien en cumplir todo esto. Adiós».”

Aquí destacamos tres cuestiones de interés para nuestro tema: 1) En los textos arriba citados y otros similares, se trata de sangre de animales, no de hombres; 2) Se habla de “comer” o “ingerir” sangre, no de su uso para la transfusión, por entonces obviamente desconocido; 3) La identificación entre “vida” y “sangre” debe entenderse a la luz de la mentalidad y lengua semíticas que son concretas y, de esta manera, entiende los conceptos abstractos (en este caso: la vida es entendida por la realidad palpable de la sangre). Nosotros hablaríamos de una metáfora: hablar de “sangre” para expresar el misterio de la “vida” que se recibe y se da.

Se trata, como dije más arriba, de leer bien los textos; pero también de interpretarlos correctamente. Porque los textos bíblicos tienen que ser siempre interpretados, si no se cae en lo que se llama el fundamentalismo bíblico, que le hace decir a la Biblia cualquier cosa, incluso sacar conclusiones terribles.

Una lectura e interpretación católica de la Biblia tiene en cuenta la unidad de toda la Sagrada Escritura y su coherencia con el mensaje central de la fe que es la salvación obrada por Jesucristo, el que derramó su sangre para el perdón de los pecados y entregó su vida por nosotros.

Desde esta perspectiva, la donación de sangre para las transfusiones no solo no es un acto prohibido por la fe sino un acto de exquisita caridad.

2. La segunda cuestión es, tal vez, más compleja. Formulado a modo de pregunta podemos decirlo así: ¿Es moralmente lícito respetar la conciencia de un paciente aunque se trate de una conciencia errónea invencible?

No hay que olvidar que estamos en presencia de un caso particular que, como tal, debe ser abordado para encontrar las respuestas éticas adecuadas. Aquí lo hacemos desde una distancia en la que no se perciben con claridad las circunstancias que hacen al caso. Es la cuestión ética que se juega en situaciones como las que vive este joven enfermo. No se trata sencillamente de aplicar principios doctrinales -importantes sin duda-, sino de escuchar el mensaje moral que brota de la realidad. La moral católica nos enseña que, para valorar moralmente una situación, hay que tener en cuenta tres fuentes: el objeto, el fin y las circunstancias de los actos morales.

Recordemos también que la conciencia es norma próxima de conducta. A nadie le es lícito obrar contra su conciencia, o violentar la conciencia de un tercero. La conciencia es el jucio práctico sobre la bondad o malicia de mis actos, ya realizados o por realizar. Para los creyentes, en la conciencia resuena la voz de Dios y de su sagrada Ley.

Las personas, sin embargo, pueden tener una conciencia mal formada y, por tanto, formular jucios errados sobre sus propios actos. Cuando no hay posibilidades reales de superar ese juicio incompleto se dice que estamos en presencia de una “conciencia errónea invencible”.  Sin embargo, como para quien está en esta situación la voz de la conciencia contiene un imperativo moral personalísimo, no puede ser violentado a obrar contra su propia conciencia. Es cierto: en la medida en que esto no suponga daños a terceros. Queda en pie la necesidad de ayudar a las personas con conciencia errónea a superar las lagunas o juicios falsos sobre sus actos. La meta es siempre una conciencia recta.

En el caso que nos ocupa hay que distinguir dos situaciones concretas. La primera, cuando estamos en presencia de un menor enfermo. En este caso, ante la negativa de sus padres a suministrarle la transfusión de sangre, los profesionales de la salud tienen que recurrir al juez para que se realice la intervención y se salve la vida del enfermo. Prima el bien superior del niño por encima del derecho de sus padres.

La segunda situación es la de un adulto. Aquí, prima el derecho de la persona a obrar según su conciencia, en este caso, religiosamente orientada, aunque errónea. El médico tratará de explicar con delicadeza y respeto las implicancias de negarse a la transfusión. Podrá también estar atento a un cambio de actitud del enfermo en el transcurso de la enfermedad. Sin embargo, nunca podrá obrar contra la conciencia del enfermo debidamente manifestada. Es decir: no se podrá recurrir a la transfusión de sangre.

Obviamente, la ley ha de respaldar a los profesionales de la salud que se encuentran en esta última situación, para que no se atribuya a su negligencia lo que en realidad es una decisión del paciente.

La vida física es un valor fundamental, aunque no absoluto. Los valores éticos y religiosos son superiores, y tienen el primado en la vida personal: desde ellos se define la estatura espiritual y moral de una persona. Por ello, una persona puede, en un caso determinado, subordinar su vida física a los valores espirituales que son sus convicciones más íntimas. Aquí se funda, por ejemplo, la fuerza del martirio, del arriesgar la vida por salvar a los semejantes o en defensa del bien común.

Con estos planteos nos encontramos cerca de los fundamentos de la objeción de conciencia como un derecho humano fundamental, vinculado a la libertad religiosa y a la libertad de conciencia. Un tema que -según creo- tendrá que ocuparnos cada vez con mayor fuerza en la sociedad plural que estamos gestando.

En todo esto se trata, sin dudas, de una situación límite para todos: familiares, profesionales de la salud, jueces y, sobre todo, para los enfermos. El desarrollo de la sociedad plural nos va a poner en más de una ocasión como esta ante situaciones donde la ley, la atención sanitaria y, sobre todo, la cercanía humana tendrán que respetar la opción de vida hecha por las personas que quieren ser fieles a su conciencia personal, en la que escuchan la voz de Dios o de los grandes valores éticos de la humanidad.

El primado de la conciencia es el primado de la persona, sujeto, centro y fin de toda la vida social. 

miércoles, 30 de mayo de 2012

25 años de episcopado de Arancibia


El pasado de fin de semana, como Iglesia diocesana, vivimos una verdadera fiesta de la fe. Celebramos los 25 años de ordenación episcopal de nuestro Arzobispo José María Arancibia.

Habíamos venido preparando la celebración desde el año pasado, aunque en estas últimas semanas -como suele ocurrir- se piso a fondo el acelerador.

Tanto en la web del Arzobispado como en el Facebook de la Oficina de Prensa hay información abundante sobre el evento. No voy a volver sobre ella.

Quisiera solamente hacer una breve lectura espiritual de lo vivido. Una lectura desde el Espíritu de Jesús, recibido en Pentecostés.

Ya he comentado anteriormente que, puestos a programar estas celebraciones, recibimos del Arzobispo un criterio preciso: no centrarnos en su persona, sino en la misión del obispo, destacando sobre todo el espíritu misionero y la caridad hacia los más pobres.

El carisma episcopal se juega en esto: velar para que el anuncio de la Buena Noticia alcance hasta el último rincón de la diócesis y para que la caridad del Buen Pastor guíe realmente a sus discípulos.

De todas formas, en estas últimas semanas pude ser testigo del cariño, aprecio y valoración de la Iglesia diocesana hacia la persona de su obispo. Podría señalar muchos gestos, palabras y vivencias concretos. Los guardo para mí y para el Señor que sabe recompensar a quien obra en lo secreto.

Tanto en la Eucaristía del sábado como en el brindis que siguió percibí un clima de familia. Pero un clima que nace de la fe y se nutre con el amor a la Iglesia. Arriba señalé que fue una “fiesta de la fe”, ahora añado también: un momento muy hondo de Iglesia.

Me animo a decir lo que Pablo VI dijo del Concilio: “Aquí está el Espíritu Santo”.

Gran osadía, porque si es posible hacer una experiencia de Espíritu, esta nunca puede ser aferrada. Espíritu, en definitiva, viene de soplo, brisa, viento, aliento y respiración. Lo invisible que se vuelve visible solo en sus efectos.

Me llamó la atención la emoción de todos los que participaron. Algunos tuvieron una intervención especial: Carlos Franzini, obispo de Rafaela y amigo de Arancibia tuvo la homilía, iniciada con la voz quebrada; Pablo López, uno de los curas ordenados por el Arzobispo, que habló durante el almuerzo: ¿cómo olvidar las sabias y certeras palabras, también llenas de genuina emoción, de Olga Marsollier?; la intervención profunda del Cardenal Karlic, maestro y amigo del Arzobispo.

Tuvimos también la alegría y el honor de contar con la presencia del Señor Nuncio Apostólico de Su Santidad en Argentina, Mons. Emile Paul Tscherrig. Tuve la ocasión de estar muy cerca de él en la mayoría de los momentos compartidos. Corroboró la impresión que me había hecho de su persona en Buenos Aires: un hombre sencillo, franco y -esto sí me sorprendió gratamente- con una visión muy clara de la misión de la Iglesia en el mundo de hoy.

Voy terminando este relato, necesariamente incompleto. Dejo para el final algo que me ha parecido muy evangélico: como siempre, los que dijeron presente a la celebración fueron los más pobres, los más lejanos y los que tienen razones personales para participar.

La Iglesia tiene que ver con el corazón de los hombres. Allí donde se juegan las cosas más verdaderas y duraderas. Ese es el campo que su Fundador le asignó como terreno para su labor: trabajar los corazones.

Esto vi en este fin de semana, intenso pero también lleno del consuelo y de la paz del Espíritu de Cristo. 

Con Benedicto

Palabras del Santo Padre, pronunciadas esta mañana en la Audiencia General de los Miércoles:


“Los hechos que se vienen sucediendo en estos días en torno a la Curia y a mis colaboradores provocan profunda tristeza en mi corazón pero nunca he dejado de tener la certeza de que, a pesar de las debilidades humanas, de la dificultad y de la prueba, la Iglesia está guiada por el Espíritu Santo y el Señor nunca dejará de prestarnos la ayuda para sostenerla en su camino.

Hay muchas intromisiones, amplificadas en algunos medios de comunicación y especialmente gratuitas que van más allá de los hechos, ofreciendo una imagen de la Santa Sede que no responde a la realidad. Deseo renovar mi confianza, mi aliento a mis más estrechos colaboradores y a todos los que cotidianamente, con fidelidad, espíritu de sacrificio y en silencio me ayudan en el cumplimiento de mi ministerio”.

jueves, 17 de mayo de 2012

Muerte digna e Identidad de género: la voz de la Iglesia



Ante la reciente aprobación por el Congreso de la Nación de las leyes de Muerte Digna e Identidad de Género, hemos creído oportuno expresar, especialmente a nuestros fieles pero también a la opinión pública, el pensamiento de la Comisión Ejecutiva del Episcopado Argentino sobre estos temas.

1 - En la llamada ley de Muerte Digna creemos que se ha avanzado en aspectos referidos a la proporcionalidad de los medios a utilizar en enfermos terminales, que eviten un encarnizamiento terapéutico. Mantener una vida con medios artificiales no siempre es moralmente obligatorio. Es destacable, también, la importancia dada a la voluntad del paciente y de sus familiares, como parte de los derechos personalísimos del enfermo. El rechazo de estos medios artificiales no sólo es válido, puede ser recomendable. Valoramos, por otra parte, la prohibición de la eutanasia.

Lamentamos, sin embargo, que entre estos medios se haya incluido el posible rechazo de la "hidratación y alimentación", como si fueran medios desproporcionados, siendo, por el contrario, un acto humanitario que hace a una muerte digna. Su privación, en cambio, sería una eutanasia pasiva.

2 - Respecto a la ley de Identidad de Género, si bien se ha buscado responder a una realidad que presenta sus reclamos, no se ha tenido en cuenta el significado objetivo del dato biológico como elemento primario en una legislación sobre el tema de identidad sexual. La diversidad sexual no depende sólo de una decisión o construcción cultural, sino que tiene su raíz en un dato de la naturaleza humana que presenta su propio lenguaje y significado. Desconocer el valor y el alcance de este hecho debilita el sentido de la sexualidad que, en su diversidad y complementariedad, debe orientar tanto la vida de las personas como la tarea educativa y legislativa.

La necesaria educación sexual debe estar orientada, desde la infancia, a valorar el sentido y la riqueza de la sexualidad. Consideramos muy grave que la ley permita manipular la identidad sexual de los niños y dañarla de modo, tal vez irreversible e incluso en contra de la voluntad de sus padres.

Estas afirmaciones no significan desconocer la realidad de personas que sufren por estos motivos. La ley, en cuanto ordenamiento de la comunidad, debe tratar todo reclamo en el marco jurídico adecuado y con las garantías que ello implica. Pero, dejar el tema de la identidad sexual a un libre sentir o decisión de la persona, no corresponde a la certeza jurídica que debe ofrecer una legislación a la sociedad. La naturaleza no limita, en este caso, los derechos de la persona, sino que muestra con su lenguaje el sentido de la sexualidad como un principio que debe orientar tanto la educación como el contenido de las leyes de una comunidad.

3 - En ambos casos es importante que se respete el derecho a la objeción de conciencia, de quienes vean afectadas sus sinceras y profundas convicciones éticas por la obligación de aplicar estas leyes.

4 - Hemos creído conveniente expresar nuestro juicio y reflexión con el debido respeto y como un servicio, en orden a colaborar "e iluminar la aplicación de la razón al descubrimiento de principios morales objetivos" (Benedicto XVI, discurso en Westminster Hall, 17/9/2010), que actúan como fuente de toda normativa 
justa.

Buenos Aires, 16 de mayo de 2012

Mons. José María Arancedo
Mons. Virginio Bressanelli
Mons. Mario Cargnello
Mons. Enrique Eguía

domingo, 6 de mayo de 2012

Misión sacerdotal


Cuando nos preparábamos para el Gran Jubileo de 2000 surgió la idea de que los sacerdotes y consagrados de la Diócesis hiciéramos una misión en algún lugar especialmente necesitado de su territorio.


No se concretó entonces. La idea fue y vino, una y otra vez, en distintos momentos. Finalmente, este fin de semana la hemos podido materializar.

Las cosas necesitan madurar hasta alcanzar el punto justo. Mucho más las cosas que vienen de Dios y que involucran la libertad de las personas.

Este fin de semana una treintena de curas de Mendoza, con el Arzobispo a la cabeza, participamos de una hermosa experiencia misionera. La ocasión la ofreció el aniversario del Arzobispo Arancibia que, el próximo 28 de mayo, cumplirá veinticinco años de ordenación episcopal.

Cuando le preguntamos cómo quería celebrarlo nos dijo dos cosas: que la celebración no estuviera centrada en su persona sino en la misión que tiene el obispo; por eso, que tratáramos de concretar un gesto, a la vez, misionero y solidario. El obispo tiene como misión primordial de Cristo velar para que el Evangelio sea anunciado. Y esto, hasta el último rincón de la diócesis.

Así fue como nos pusimos a preparar la misión. De los posibles lugares, él eligió  la Parroquia “Nuestra Señora de Guadalupe” que se extiende en una zona de 26 barrios en el pedemonte de Godoy Cruz. Allí también está creciendo el Centro pastoral “San Juan Diego”. La parroquia es atendida por dos sacerdotes jóvenes -P. Mauricio Haddad y P. Michael Belmont- con la ayuda de una comunidad e Hermanas Misioneras Diocesanas que, desde hace un par de meses, han abierto una casa en la capilla “Nuestra Señora de Lourde” del Barrio Sarmiento.

La idea fue recibida con mucho entusiasmo por la comunidad parroquial. Con ayuda del Consejo de Pastoral se puso en marcha la organización. Todo fue muy sencillo y sin demasiada parafernalia. Como debe ser. Como Cristo nos mandó.

La misión se desarrolló con mucha alegría. Puedo decir que el ideal de la Iglesia “en estado de misión” se pudo palpar con mucha claridad. Nos inspiramos mucho en algunos principios misioneros del Siervo de Dios Tarcisio Rubín, que tanto misionó en Mendoza y en toda Argentina: oración, austeridad, alegría, cercanía a los pobres y a los niños.

Como suele ocurrir, en los días previos los laicos de la parroquia recorrieron la zona elegida para misionar avisando del paso de los misioneros. Fue así que, desde la mañana del viernes 4 de mayo empezamos a recorrer los barrios. El acento principal estuvo en la visita a las familias. Visitamos también algunas escuelas, guarderías y centros de salud de la zona. Por supuesto, también tuvieron lugar algunas celebraciones especiales de la Eucaristía y otros actos litúrgicos o de piedad. Algunos sacerdotes se dedicaron a visitar a los ancianos y enfermos.

Momentos especialmente significativos fueron los espacios de oración compartidos. El viernes, por ejemplo, después de la oración de Laudes se expuso el Santísimo Sacramento, que permació expuesto para la adoración durante todo el día. Estos momentos de oración fueron muy hondos.

Acompañados por algunos laicos, los obispos y curas recorrimos las distintas zonas elegidas. En general, la recepción de las familias fue muy buena. Incluso quienes profesan otras religiones nos trataron con cortesía y respeto. En algunos casos se pudo compartir un momento de oración común.

Muchas familias nos abrieron las puertas de su casa para que pudiéramos dormir allí las dos noches, compartiendo también algunos momentos con ellos. Está demás decir que fuimos recibidos y tratados con mucho cariño y delicadeza por estas personas.

En la noche del sábado unas veinte personas -laicos, las hermanas y algunos sacerdotes- hicimos un “Via lucis”, dirigido por el P. Hugo Asid. Fuimos caminando desde el templo parroquial en el Barrio FOECYT hasta el Centro Pastoral “San Juan Diego” de La Estanzuela. El “Via lucis” es una oración similar al “Via crucis”, solo que recorre los relatos evangélicos de las apariciones del Señor resucitado. En medio de la noche, precedidos por el cirio pascual y la imagen de la Virgencita de Guadalupe, y portando también nosotros cirios encendidos, recorrimos las calles de los barrios, rezando, cantando y alabando al Señor.
En la tarde del domingo, compartimos con algunos jóvenes de la parroquia un momento de oración con la Palabra de Dios. Lo guió el P. Pablo López de San Martín.

La Misión concluyó con la Eucaristía dominical en el atrio de la Parroquia.

Todos los momentos fueron acompañados por la Radio cultural Claret-Radio María, a través de la mano del P. Juan Miranda, Párroco de Lavalle. 

Jesús se presentó a sí mismo como el Sembrador que esparce con generosidad la semilla de la Palabra. Él lo ha hecho también a través de nosotros que somos sus instrumentos. Él nos está alentando a vivir con renovado ardor el mandato misionero. A una Iglesia misionera no le van a faltar trabajadores para el campo.