sábado, 12 de junio de 2010

Clausura del Año sacerdotal


El pasado jueves 10 de junio, por la tarde, tuvo la lugar la clausura del Año sacerdotal en Mendoza. Eran las vísperas de la Solemnidad del Corazón de Jesús. El lugar elegido: el centenario templo de los Jesuitas, en el corazón de Mendoza. Está dedicado precisamente al Sagrado Corazón, cuya imagen domina la nave central de la iglesia, que luce los recientes arreglos.

A las 19:00 hs nos reunimos para un momento de oración ante Jesús Sacramentado. Estuvo a cargo de la Obra de las Vocaciones Sacerdotales. Siguió la celebración de la Eucaristía, presidida por nuestro Arzobispo, Mons. José María Arancibia.

Gracias a Dios, muchos hermanos sacerdotes, religiosos y seculares, pudieron tomar parte. Incluso de las parroquias más distantes. El templo estuvo colmado de fieles, laicos y consagrados. Fue una fiesta de la fe. El clima era de alegría, de comunión y de inmensa gratitud a Dios.

Un párrafo aparte merece la hermosa y profunda homilía del P. Tomás Bradley, jesuita. En la web del Arzobispado está completa. Según me había confiado días antes, la venía preparando con mucha dedicación. Tocó realmente el alma de quienes la escuchamos.

Tanto en la oración previa, como en la misma celebración eucarística, fueron viniendo a la memoria las figuras de muchos hermanos: los que ya han partido a la casa del Padre, los que he acompañado en el Seminario, los que tomaron otro camino al cabo de un tiempo, los que se fueron en medio de situaciones dolorosas. Le pedí a Dios por los pastores a los que un día tendré que presidir como obispo (una oración que se va haciendo cada vez más viva en mí, con el paso del tiempo).

Ya he comentado que, como obispo, puedo palpar más de cerca la entrega de los curas. Doy gracias al Buen Pastor, y ofrezco mi oración por todos ellos. Los confío también al Inmaculado Corazón de María.

No puedo concluir sino con esta plegaria: "Señor: la mies es mucha. ¡Danos pastores santos, según tu corazón! Amén".

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