martes, 7 de diciembre de 2010

San Ambrosio


Al celebrar al Santo Obispo Ambrosio de Milán (340-397), la oración de la Iglesia me ha hecho meditar en el ministerio confiado.

"Hombres según el corazón de Dios" es una expresión muy hermosa, pero también exigente. Nos consuela saber que es la promesa de Dios a su pueblo, al comprobar el fracaso de los pastores humanos: "Les daré pastores según mi corazón" (Jer 3,15).

Dios y Padre nuestro, que hiciste del obispo san Ambrosio
un maestro de la fe católica y un testigo admirable de fortaleza apostólica;
suscita en tu Iglesia hombres según tu corazón,
que la guíen con firmeza y sabiduría.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Catequistas


En las visitas pastorales, el obispo suele dedicar un momento especial de diálogo con los catequistas.

La catequesis es una de las tareas esenciales de la parroquia como expresión concreta de la Iglesia. Se encuadra dentro del ministerio profético, cuya finalidad es el anuncio de la Palabra que suscita la fe.

El ministerio profético tiene tres formas básicas de realización: el kerygma, la homilía y la catequesis. Se distinguen por el destinatario. El kerygma es el primer anuncio de la fe, dirigido a quienes nunca han escuchado hablar de Cristo o, como ocurre entre nosotros, a quienes, no obstante haber recibido el bautismo, han debilitado su adhesión personal a Cristo y a la Iglesia hasta el punto de casi perderla. La homilía es el anuncio de la fe en el contexto de la celebración litúrgica, a partir de los textos bíblicos proclamados y del misterio celebrado, para introducir más profundamente a los creyentes en el Misterio de Cristo. Sus destinatarios son hombres y mujeres con una fe al menos inicial.

La catequesis también se dirige a creyentes. Su finalidad es ayudarlos a vivir cada vez más profundamente su condición de discípulos del Señor y miembros de su Iglesia; es decir: educar la fe recibida. Supone una exposición sistemática, gradual y orgánica de la doctrina cristiana. El conocer adecuadamente el contenido doctrinal de la propia fe es un elemento fundamental, sin embargo, la catequesis apunta a la vida misma del discípulo: se trata de acompañar a una persona para que aprenda a vivir como cristiano.

La Iglesia presta especial atención a la persona del catequista, pues considera que éste recibe del Señor una auténtica vocación y misión. No se es catequista por gusto, moda o preferencias personales, sino como respuesta a una llamada que se va haciendo consciente con el paso del tiempo. Considero que ayudar a nuestros catequistas en este proceso de personalización de la llamada del Señor es fundamental para la buena salud de la catequesis.

En mis diálogos con los catequistas suelo insistir en tres expresiones claves: “espíritu misionero”, “encuentro personal con Cristo” y “formación constante”, o también: “ideas claras”.

Espíritu misionero. La situación actual de nuestros catecúmenos nos hace a todos más misioneros. Es decir, el catequista debe también ser un experto en el primer anuncio que despierta la fe: Dios te ama con amor incondicional; Cristo ha expiado tus pecados con su sangre redentora; sos templo del Espíritu Santo que te da la vida y la fuerza de Dios. El catequista, como todo buen misionero, debe estar dispuesto a salir a la búsqueda de las personas, las familias, los niños y jóvenes, los adultos.

Encuentro personal con Cristo. No hay vuelta que darle: el mejor catequista es el santo, el discípulo enamorado y transformado por el encuentro con Cristo. Aquí sobran las palabras: una vida espiritual intensa de oración, escucha de la Palabra, Eucaristía y Penitencia y una caridad ardiente.

Formación para ideas claras. Ante tanta confusión, la doctrina de la Iglesia debe ser apropiada personalmente por el catequista a través de un proceso continuo de lectura, formación, asimilación. Solo así la transmitirá en su integridad, atento a su esencia y a sus consecuencias. El Catecismo de la Iglesia Católica y su Compendio son instrumentos de primera mano para ello. Cada vez me convenzo más de ello, especialmente frente a tanta charlatanería vacua y diletante.

En la foto: con catequistas y un grupo de catecúmenos de confirmación en la Visita pastoral a la Pquia. "San José" de La Paz.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Visitas pastorales 2010


Terminando el año litúrgico y comenzado el Adviento, cerca ya de las fiestas, el Arzobispo y el Obispo Auxiliar queremos saludar y agradecer a las comunidades y a sus pastores, que nos recibieron para una visita pastoral. De acuerdo al programa trazado y consultado con el Consejo Presbiteral, este año fueron muchas las parroquias visitadas, en jornadas muy intensas, y casi siempre en fines de semana. En ellas hemos podido escuchar las inquietudes pastorales, compartir la Palabra y la celebración de los sacramentos, y alentar una evangelización renovada según el Plan Diocesano de Pastoral. Estamos contentos de haber brindado este servicio.

En la visita pastoral el obispo aprende mucho. Tiene la oportunidad de ver cómo Dios va obrando en medio de su pueblo, despertando la fe, la esperanza y la caridad en los corazones. Tiene también la posibilidad de ofrecer sus orientaciones pastorales a fin de que la vida cristiana y el ardor evangelizador de los discípulos misioneros de Cristo se vivan más intensamente.

Las comunidades parroquiales visitadas por Mons. José María Arancibia, a lo largo del año, fueron: “Espíritu Santo” de Godoy Cruz (mayo); “Nuestra Señora del Carmen” de Tunuyán (mayo); “San Antonio” de Las Heras (julio); “Nuestra Señora del Rosario” de Junín (agosto); “Asunción de la Virgen” de Dorrego (septiembre); “Nuestra Señora del Carmen” de Costa de Araujo (octubre); “Nuestra Señora del Rosario” de Lavalle (octubre).

Mons. Sergio Osvaldo Buenanueva visitó las siguientes: “Inmaculado Corazón de María” de Coquimbito (abril); “Virgen Peregrina” de Godoy Cruz (mayo); “San José Obrero” de Gutierrez (junio); “San José” de La Paz (setiembre); “Sagrada Familia” de Guaymallén (octubre) y “Nuestra Señora de la Candelaria” de Maipú (noviembre).

A los sacerdotes, diáconos, colaboradores pastorales y fieles todos de estas comunidades, les deseamos la gracia singular de renovar su entusiasmo por vivir como bautizados el seguimiento de Jesús, y la alegría de tomar parte decididamente en la misión evangelizadora de la Iglesia.

¡Feliz Navidad y Buen Año Nuevo para todos!

martes, 16 de noviembre de 2010

Pastoral sacerdotal


En la reciente Asamblea Plenaria del Episcopado Argentino (la n° 100), dedicamos dos días a reflexionar sobre la “pastoral sacerdotal”.

Se trata de una expresión reciente que designa una realidad de siempre: la acción de la Iglesia madre que acompaña a sus hijos sacerdotes para que vivan plenamente su vocación y misión. En otras palabras: que los curas sean santos, con la santidad propia de los pastores, que se configuran con Jesucristo Buen Pastor en el ejercicio del ministerio.

El ejercicio del ministerio del Espíritu supone, para el cura: anunciar la Palabra que despierta la fe, reunir al Pueblo de Dios en la caridad, santificarlo por la celebración de los misterios santos, especialmente la Eucaristía y la Reconciliación.

El interés de los obispos por los sacerdotes brota de un amor muy grande por ellos y por el Pueblo de Dios. Lo he podido palpar en estos días.

Pudimos escuchar algunos testimonios de sacerdotes jóvenes, de mediana edad y ancianos. Repasamos los principales desafíos que suponen las cuatro dimensiones de la formación permanente: humano-afectiva, espiritual, intelectual y pastoral. Fue muy importante el repaso que hicimos de la rica enseñanza conciliar sobre la relación obispo-presbíteros. Estuvo a cargo de Mons. Carmelo Giaquinta.

Lo más importante fue el diálogo e intercambio entre los obispos en grupos más pequeños de trabajo. Me impresionó que la mirada sobre la realidad de los sacerdotes provenga de una fe muy honda de los obispos, de una conciencia muy lúcida de la prioridad de la gracia del Espíritu Santo en la santificación de los sacerdotes.

Sin duda que no faltó la mirada sobre los problemas y desafíos más preocupantes que presenta la realidad presbiteral hoy, sobre todo, en los sacerdotes más jóvenes.

En estos, como en otros temas similares, percibo la llamada de Dios a una conversión del corazón, a una reforma de vida más radical, y a un seguimiento de Cristo que toque todas las dimensiones de nuestra persona.

La pastoral sacerdotal es una pastoral de la santidad sacerdotal.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Un viaje que nos interesa

¡Hace cuánto que no escribo nada! El fin de año se hace sentir, y he tenido muchas cosas entre manos. Ahora mismo estoy preparando el viaje a Pilar para la 100 Asamblea Plenaria del Episcopado.

Los obispos vamos a dedicar dos jornadas enteras a repasar nuestro rol en la "pastoral sacerdotal", es decir, en la acción de la Iglesia-madre que acompaña a sus pastores para que vivan plenamente su vocación a la santidad en el ministerio.

A mí me toca coordinar algunos trabajos de reflexión de los obispos. Lo venimos preparando con mucho empeño desde hace meses.

Si todavía quedan lectores de este blog, les ruego que recen por nosotros.

Es de otro viaje del que quiero hablarles: el viaje de Benedicto XVI a Santiago de Compostela. Nos interesa porque nosotros, los mendocinos, veneramos al "Patrón Santiago" como nuestro patrono y protector. Yo le tengo una devoción especial al "Santo Patrono Santiago".

En los dos discursos que he podido leer a las apuradas, se ha destacado con fuerza esta idea: peregrinar es salir de sí mismo para ir al encuentro de Dios, para ir al encuentro de la verdad.
El hombre está en búsqueda de la verdad. Solo en la verdad plena de sí mismo puede el hombre alcanzar la libertad.

Un fragmento del discurso en el Aeropuerto de Santiago de Compostela:

"En lo más íntimo de su ser, el hombre está siempre en camino, está en busca de la verdad. La Iglesia participa de ese anhelo profundo del ser humano y ella misma se pone en camino, acompañando al hombre que ansía la plenitud de su propio ser. Al mismo tiempo, la Iglesia lleva a cabo su propio camino interior, aquél que la conduce a través de la fe, la esperanza y el amor, a hacerse transparencia de Cristo para el mundo. Ésta es su misión y éste es su camino: ser cada vez más, en medio de los hombres, presencia de Cristo, “a quien Dios ha hecho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención” (1 Co 1,30). Por eso, también yo me he puesto en camino para confirmar en la fe a mis hermanos (cf. Lc 22, 32)."





sábado, 16 de octubre de 2010

Él es nuestra Salvación


"Salvación” es una palabra humana primordial. Custodia algunos de los impulsos humanos más hondos: la posibilidad de superar el mal, alcanzar la propia plenitud, y comulgar con Dios. El cristianismo se concibe a sí mismo como un ofrecimiento de salvación al hombre.

¿Se puede describir brevemente la figura genuina de la salvación cristiana? Sí es posible. Pues la salvación cristiana es una Persona: Jesús de Nazaret, y un acontecimiento: su pasión, muerte y glorificación. Se salva el que está en unido a Cristo. Dos aspectos inseparables: persona y obra, lo que Jesús es en sí mismo y lo que significa para nosotros. La salvación, en clave cristiana, abarca a ambos.

El arte ha logrado expresarlo de manera elocuente. Pienso, por ejemplo, en el triunfo de la cruz, representado en el ábside de la basílica de San Clemente en Roma. Se trata de un mosaico de la primera mitad del siglo XII. La cruz aparece representada como el árbol de la vida. En medio está el Cristo crucificado, pero glorioso. Entrega la vida y, así, da vida. El amor se ha enfrentado con la oscuridad del mal que parece dominar el mundo. A sus flancos: San Juan y la Virgen María. Doce palomas representan a los apóstoles. Desde este centro surge un entramado dorado de hojas de acanto. Es una fiesta para los ojos y el corazón. ¿Tal esplendor de luz y de belleza puede surgir de una visión oscura de Dios, del hombre y del mundo? Es difícil sostenerlo.

Evoco también aquí otras dos imágenes del Nuevo Testamento que han tenido una larga historia en el arte: el Buen Pastor y el Cordero del Apocalipsis. Ambas son figuras de Cristo. Ambas contienen una riquísima doctrina de la salvación. El Buen Pastor conduce a las ovejas, dando la vida por ellas. El Cordero está de pie, como degollado, y es la figura de la humildad que vence la soberbia. En el Apocalipsis, ambas figuras se funden en una sola: “Porque el Cordero que está en medio del trono será su Pastor y los conducirá hacia los manantiales de agua viva. Y Dios secará toda lágrima de sus ojos” (Ap 7,17).

La cruz, el Pastor y el Cordero representan, cada uno a su modo y en la convergencia de motivos, lo que los cristianos creemos de la salvación obrada por Cristo. ¿Podemos traducir en discurso lo que expresan las imágenes? Yo diría algo así: Lo que salva es el amor incondicional de Dios manifestado en el don libre de la propia vida, no el mero sufrimiento. O, mejor: el amor que transforma el sufrimiento, inevitable compañero de camino del hombre. Un amor incondicional que sale al encuentro del hombre, donde éste se encuentra y en la situación en la que está. Es inevitable confrontarse con el drama del mal y de la injusticia. En Jesús, Dios mismo ha entrado en el drama humano, en toda su oscuridad, sin ahorrarse nada. Ha bebido el cáliz hasta el final. El amor de Dios ha expiado el pecado del mundo.

viernes, 15 de octubre de 2010

Teresa de Avila


“Al cerrar el libro, dije para mí: Aquí está la verdad”. Con estas palabras, Edith Stein (Santa Teresa Benedicta de la Cruz), comenta el hecho más importante de su vida: su paso del ateísmo a la fe cristiana.

El libro al que se refiere es “El libro de la vida” de Santa Teresa de Jesús. Al recibir el bautismo, Edith Stein comentará que, en su alma, ya estaba claro el ingreso a la orden carmelitana. Concluirá sus días, una más entre sus hermanos judíos, en las cámaras de gas de Auschwitz.

¿Qué le ofreció la santa castellana a esta judía, testigo del drama del siglo XX? Pienso que se reeditó entre ellas el encuentro de aquellas otras dos mujeres, con el que se abren los tiempos de la Nueva Alianza: María e Isabel. Y, con ellas, los dos niños: Jesús y Juan.

La Iglesia ha proclamado “doctora” a Teresa de Jesús. Ha reconocido en sus escritos una doctrina genuinamente católica. Escritos que, como la misma santa declara, traducen todo y solo aquello de lo que ella ha tenido experiencia, especialmente en la oración. Ha sido visitada por Dios, como Jesús lo prometió: "El Padre y yo haremos morada en aquel que me ama".

En medio de la oscuridad de la guerra, en el siglo del ateísmo nihilista, Teresa de Jesús ha mostrado, con su vida, el rostro del Dios Verdad, al que hay que confiarse radicalmente, como ella misma lo hizo. La verdad que Teresa de Jesús le ofreció a Edith Stein es Jesucristo, su amado esposo y amigo. El signo de su verdad: una vida transfigurada por el amor, totalmente centrada en Dios. Teresa de Ávila, maestra de vida.

A continuación, el “Coloquio amoroso”, compuesto por la Santa Doctora de la Iglesia. Una perla para este día en que celebramos su memoria:

Si el amor que me tenéis,
Dios mío, es como el que os tengo,
Decidme: ¿en qué me detengo?
O Vos, ¿en qué os detenéis?

-Alma, ¿qué quieres de mí?
-Dios mío, no más que verte.
-Y ¿qué temes más de ti?
-Lo que más temo es perderte.

Un alma en Dios escondida
¿qué tiene que desear,
sino amar y más amar,
y en amor toda escondida
tornarte de nuevo a amar?

Un amor que ocupe os pido,
Dios mío, mi alma os tenga,
para hacer un dulce nido
adonde más la convenga.