lunes, 15 de octubre de 2012

La nueva evangelización


En Roma, el Sínodo de los obispos está tratando el tema de la “nueva evangelización”.

¿Qué es la “nueva evangelización”?

Les doy una definición mía. Seguramente pobre e incompleta. De todos modos, la pongo a disposición, al menos para que otros puedan pensarla mejor.

Aquí va: la nueva evangelización es anunciar a Cristo hoy.

Es nueva, por el adverbio de tiempo “hoy”.

“Hoy” tenemos nuevas preguntas que nos obligan a pensar de nuevo el anuncio del único e inmutable 
Evangelio. Nuevas preguntas, nuevos escenarios, nuevos desafíos.

El cristianismo, para ser fiel a sí mismo, siempre ha tenido que hacerse este planteo: cómo anunciar hoy el mensaje de Cristo.

Sin embargo, lo decisivo no está aquí.

Lo que hace nueva a la nueva evangelización no es el “adverbio” sino el “nombre”. Es Cristo.

Porque en ese Nombre se encierra toda la novedad del Evangelio. La novedad de Dios.

Por eso, la cuestión de los métodos y estrategias queda como algo absolutamente secundario. Lo primario es el acontecimiento Cristo, el encuentro con Cristo, la vida en Cristo.

Si esto falta, la nueva evangelización queda reducida a activismo, militancia, utopía.

Lo contrario es también verdadero: con Cristo casi que las estrategias están de más.

La novedad de la nueva evangelización es Cristo. Ahora añado: y los que son de Cristo. Por que Cristo no existe solo. Existe siempre indisolublemente vinculado a sus discípulos, a aquellos que son llamados: “cristianos”.

¿Quién es el cristiano? Doy dos definiciones. La más directa: un cristiano es un discípulo de Cristo. Alguien que ha sido alcanzado por Jesús y que no puede sino vivir por Él, con Él y en Él.

La segunda la tomo de Ratzinger: un cristiano es alguien que vive de la Palabra, del Sacramento, y en la caridad y la justicia … aunque jamás haya participado de nuestras reuniones pastorales.

Por estos cristianos pasa la nueva evangelización.

Por eso, estoy convencido que la nueva evangelización en Mendoza ya ha comenzado. Conozco muchos hermanos, comunidades e iniciativas en las que Cristo acontece realmente.

Que esto ocurra, las más de las veces, de una manera oculta a las miradas del mundo es casi un sello de autenticidad.

En el silencio el Verbo se hizo carne. En medio de la noche, el Niño nació en Belén. En la oscuridad del Viernes Santo tuvo lugar la redención. En el silencio luminoso del domingo, la resurrección.

¡Ojalá sepamos verlo! Si lo hacemos tendremos la clave de la nueva evangelización, de nuestro Plan de Pastoral; y, lo más importante, seremos discípulos misioneros de Jesús.

Por todo esto, gracias sean dadas al Padre, por el Hijo en el Espíritu Santo. 

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